miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hora de crecer


"Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo" Immanuel Kant.


Vivimos en un mundo donde esta minoría de edad es la norma. La palabra adulto se aplica basándose en fenómenos  temporales y calmando de esta forma nuestro ego, un ego que sólo busca reconocimiento. Es fácil y cómodo mentirse a uno mismo y seguir viviendo en este estado de ingenuidad racional puesto que no se debe analizar nada. Todas las normas vienen prescritas, deben asumirse y ser cumplidas como tales. Todo juicio es sumido en el infinito pozo del subjetivismo postmoderno. ¿Ha habido alguna época menos ilustrada?

Se ha conseguido anular la voluntad de búsqueda racional del individuo, existente a lo largo de la historia, mediante toneladas de mentiras. Se ofrece una educación general obligatoria en la que en realidad se enseña a no pensar, a seguir los dictámenes de los tutores al pie de la letra. Unos tutores que tampoco pueden considerarse adultos y por tanto solo pueden presentar el panorama en el que se mueven, el de la subordinación. Se crean esclavos y máquinas que buscan comodidad en lugar de seres humanos en busca de un mundo mejor. Se insiste en la existencia de un mundo libre cuando esta libertad solo son los huecos que quedan entre millones de prohibiciones. Se insiste en repetir las mentiras tantas veces como sea nevesario para que los individuos las acepten como hechos y la masa acabe arrastrando a los pocos que se resisten. 
 
Vivimos por tanto en el mundo des-ilustrado por excelencia aunque lo negaremos gracias a los hilos tan bien anudados con que nos manejan.

lunes, 24 de octubre de 2011

Citas I


Inauguro esta sección con dos cita del ingenioso compositor, Erik Satie:

"El músico es quizás el más modesto de los animales, pero el más orgulloso. Él es quien inventó el arte sublime de estropear la poesía."

"No sé por qué el dinero no tendrá olor, él que puede tenerlo todo."

Comprender


" "Comprender" significa ante todo apreciar lo que el artista ha querido con su obra, o sea, apreciación de sus ideas constructivas, lo que suele tener lugar de la manera más segura mediante reconstrucción de su proceso de creación."(Hans Joachim Moser)


Así dice Moser al hablar de los objetivos principales de la estética de la música. Vale la pena ver hasta qué punto está relacionando al autor con la obra, llegando a identificar la comprensión de ésta con la intencionalidad de dicho sujeto. No puede haber por tanto obra sin autor, ya sea éste anónimo o no. El primer paso, por tanto, a la hora de juzgar una obra no es más que la comprensión de la intencionalidad del artista. Una vez analizada la pieza hay que evaluar, generalmente por comparación. Una obra de arte no es un objeto que se haya creado al margen de un contexto y por tanto lleva un lastre histórico, es decir, hay una serie de procedimientos y materiales que en mayor y menor medida tienen su peso. Ésto nos permite acercarnos un poco más al proceso de creación, podemos evaluar el ingenio o la eficacia en el uso de recursos ya conocidos y cómo emplea otros "nuevos". Procedemos siempre por comparación, como en toda ciencia, pues es un mecanismo que existe hasta en los axiomas matemáticos más elementales.

¿Qué es valorable en un obra? Éste es el apartado más peliagudo de todo juicio que intente ser objetivo. No hablamos de qué es disfrutable en una obra sino evaluable. No podemos tratar como objetivas las sensaciones que produce, pues se refieren al sujeto. Tampoco podemos analizar una obra desde un punto de vista de su señal acústica, pues los parámetros físicos que la componen no se corresponden con lo percibido por el oído humano. Por tanto, nos queda pensar, cómo siempre, qué es lo que ha trabajado el autor en una obra cuando piensa en su escucha. Llegamos al trabajo del material, procesos e incluso podríamos entrar en poética e influencias externas (filosóficas, literarias...). Pero una vez hemos escogido nuestro objeto de estudio volvemos al punto anterior. Tendremos que evaluarlo por comparación, viendo como se adapta y como violenta la escucha a la que estamos habituados. Es lógico, por tanto, exigir a cualquier crítico unos amplios conocimientos musicales y una perspectiva de futuro (aunque en la mayoría de los casos a lo largo de la historia ha sido desacertada). Sólo de esta forna se puede llegar a una comprensión más cercana de toda obra e intentar abordar su juicio.