miércoles, 13 de junio de 2012

Preguntas sin respuesta


A modo de conclusión quería partir de lo más básico y a la vez menos evidente: la función de la filosofía. Ya que el discutir y pensar durante todo el año sobre temas tan variados por lo menos enriquece y aumenta nuestra comprensión a nuevos espacios que habíamos pasado por alto.


A menudo pensamos que la filosofía trata de dar respuestas cuando su verdadera función y potencialidad es proponer las preguntas. En un principio quizás nació pretendiendo dar soluciones y resultados pero al destaparse como actitud humana y por tanto difícilmente objetiva pasó a proponer preguntas. La importancia de preguntar es inmensurable en nuestra vida. Muchas veces damos por asumidas conclusiones y hechos sin llegar a plantearnoslos hasta que en el momento en que se formula la pregunta nuestro sistema asimilado se tambalea. Desde preguntas que parecen tan obvias como ¿qué es la música?, ¿qué es la belleza?... podemos llegar por medio del pensamiento a conclusiones a priori nada evidentes y que chocan con todo lo que creíamos saber. Desde nuestra naturaleza humana y nuestro miedo innato al cambio nos suele costar aceptar estas nuevas reflexiones, sin embargo su importancia radica en la forma que tienen de ablandar nuestra tolerancia, afinar nuestro razonamiento y poder ser críticos en todo momento. La verdadera dificultad radica en que esta crítica difícilmente tiene fin pues todas las conclusiones están muy sujetas a indicios y razones humanas. Siempre nos situamos en el centro y pese a que lo intentemos hay prejucios muy asimilados que siguen trascendiendo en nuestro mensaje. No obstante, como ya he comentado, la verdadera importancia no radica en las respuestas que obtengamos si no en el método. El camino que andamos es más importante que el final al que nos dirigimos debido a todo lo que aprendemos en el transcurso.

Vemos aquí necesario, en nuestra vida más cotidiana, el razonamiento filosófico, no como una ciencia cristalizada o un conjunto de saberes aceptados sino como una actitud. La actitud filosófica no sólo nos azuza a pensar más sino que también sobre más cosas. Damos por hecho un número ingente de temas que al detenernos y plantearnos simplemente un por qué, comienzan a tambalearse. El hecho es que esta actitud no debe cesar pese a que creamos haber encontrado una solución pues ésta es susceptible de cambiar a medida que nuestra persona se vaya implementando. Cuando se adquiere una posición crítica el mundo comienza a temblar y sacude todas nuestras ideas, todo lo que teníamos fijo, todo el sistema que justificaba nuestras acciones se va desmoronando y nos deja solos frente a un espejo. La responsabilidad de nuestras acciones sólo nos pertenece a nosotros y no podemos justificarlas por medio de convenciones largamente asumidas. Es cada individuo quien decide sus propios valores o asume los preestablecidos por otros. La actitud filosófica, si bien nos deja al desnudo delante del mundo y al mundo delante de nosotros también nos muestra que es la propia persona la que tiene las riendas de su vida.

martes, 12 de junio de 2012

Enlace


Página muy interesante con la posibilidad de acceder a audio y vídeos divulgativos muy interesantes y prácticos:

http://www.xn--pens-8na.com/

http://www.xn--pens-8na.com/2011/11/la-aventura-del-pensamiento-con.html

lunes, 16 de abril de 2012

Creación y rebeldía


“Robert Sternberg piensa que la creación no es una capacidad o una habilidad, sino una decisión personal”. Así nos habla Punset en el apartado que escribe sobre la creatividad. En primer lugar debemos acudir a las definiciones de los términos para tener un punto de partida sólido.

Según la R.A.E.:
Creatividad: facultad de crear. 2. Capacidad de creación.
Crear: Producir algo de la nada. 2. Establecer, fundar, introducir por primera vez una cosa; hacerla nacer o darle vida, en sentido figurado.

Hasta aquí vemos que ambos términos se refieren a la producción, pero en ningún caso se hace alusión a la inventiva u originalidad con que se forma algo. Sin embargo, nosotros, siempre asociamos a la palabra creatividad esta pequeña acepción. No podemos negar hasta el momento la proposición de Sternberg, pues realmente, la creatividad, como está definida, es una decisión personal. Toda persona puede, en cualquier momento, adoptar la postura de producir algo. No tiene por qué ser ingenioso, es simple creación. Ahora bien, esta decisión en todo momento responde a la necesidad de modificar el entorno, sea por necesidad, ocio u otros motivos. Podríamos decir que todo acto de crear muestra una disconformidad con el mundo tal cual existe justo antes del momento de la producción y es por tanto un pequeño acto de rebeldía. Rebeldía positiva en sentido que se genera una modificación en el entorno que se creía necesaria. Observamos que se ha establecido una ligera conexión entre los términos rebeldía y creación. Debemos también definir rebeldía para no cometer errores de método y ver en qué modo su significado se adapta a la definición.

Rebelde: que se rebela o subleba, faltando a la obediencia debida. 2. Que opone resistencia.

Nos quedamos con la segunda acepción debido a que la primera se refiere a sistemas de organización social, que por lo tanto carecen de leyes naturales siendo todas asumidas por convención o imposición. No entraremos en el tema ya que para nuestra intención de dar una visión general de la creación, limitar el campo a esta pequeña parcela donde se habla de “obediencia debida” nos llevaría a discusiones de carácter más ético y/u ontológico. Vemos que “oponer resistencia”, pese a beber de los mismos prejuicios que la definición precedente, es válida para cualquier acto de rebeldía. Repasemos por tanto nuestro planteamiento anterior con este pequeño cambio: Ante la disconformidad de un ser humano con su medio más inmediato (entiéndase en su significado más amplio) toma la decisión de modificarlo.Toda modificación es una oposición a lo existente, completa o parcial, pero en cualquier caso oposición y por tanto un acto de rebeldía (el grado de éste dependerá directamente del nivel de resistencia que muestre). Todo ser humano, en tanto que crea incesantemente y por decisión propia es un rebelde, aunque lo sea de las pequeñas cosas.

Nuestro problema surge cuando añadimos la acepción de inventiva al término creatividad. Queremos completar nuestra idea de crear lo máximo posible y por esta razón intentamos rellenar los huecos que nos hayamos saltado anteriormente. La añadimos porque es una acepción generalmente asimilada y porque una de las definiciones de creación es: “obra de ingenio, de arte o artesanía muy laboriosa, o que revela una gran inventiva.” Remarcamos que emplea la conjunción “o” para no detenernos en explicar detalladamente toda la definición. Por tanto una persona creativa puede o no ser ingeniosa e inventiva. Según los límites que nos plantea la definición debe por lo menos tener una actitud muy laboriosa o inventiva. Podríamos discutir a continuación si la capacidad inventiva es una decisión, una actitud, una cualidad determinada genéticamente, una consecuencia de factores ambientales o estímulos etc... Pero para hacer efectiva nuestra afirmación no nos es necesario gracias a la conjunción que aparece. Y es evidente que toda persona puede elegir hacer o no algo de forma muy laboriosa. Por tanto todo ser humano que crea es un pequeño rebelde.
La rebeldía también es una decisión, una actitud ante la vida que solo implica disconformidad y voluntad de cambio. No toda rebeldía crea, ya que la oposición al entorno puede ser pasiva, pero toda creación es un pequeño acto de rebeldía que define en qué queremos convertir nuestro mundo más inmediato. Si seguimos un discurso de corte existencialista veríamos que cada persona es lo que hace y lo que decide hacer, por tanto, todo ser humano se define a sí mismo por sus actos de rebeldía y es totalmente responsable de ellos.

miércoles, 25 de enero de 2012

En busca de la comodidad




Uno de los temas básicos en los escritos de Hanslick es la comunicación de los sentimientos. Si bien se admite que la música puede producirlos no los contiene. Ésto es harto evidente. Una persona puede sentir algo a la hora de crear, de reproducir o de escuchar pero, ¿de qué manera una onda o unas grafías podrían contener sentimiento?
Ahora bien, esta obsesión con el sentimiento se da de forma más pronunciada en la música que en otras artes. A casi nadie se le ocurre ver un retrato de Felipe II y pensar qué sentía el autor cuando lo pintó, si no que valorará las técnicas y materiales que emplea para conseguir los diferentes efectos, o tampoco se le ocurre a ninguna persona intentar valorar una novela porque el autor transmita muy bien lo que él siente en el momento que la escribe o por lo que en el propio lector suscita, bueno, al menos nadie que sepa de literatura, pues contemplarán el vocabulario y los diferentes recursos prosaicos utilizados por el escritor para controlar el resultado final. La música no es distinta, solo nuestra concepción de ella.
Nuestro abuso sobre el arte de los sonidos es que lo valoramos por las sensaciones y sentimientos que despierta en nosotros. Craso error. Nos adentramos en el mundo de la subjetividad, de las referencias, de las experiencias, de la memoria. Todo ello conforma nuestro pequeño universo donde incide la música, o desde donde la contemplamos. Podemos sentir, pero no juzgarla desde allí pues entonces el valor de una obra sería inherente a cada individuo, sus experiencia y desconocimientos sobre lo que escucha. En éste caso en que quisiéramos valorar la obra desde un yo, solo podriamos hacerlo desde el "yo-creador-original" pues el que sintió la obra de forma primigenia y le dió forma, tallando en ella todas sus referencias. Ahora bien, puesto que no tenemos la capacidad de convertirnos en otra persona... Es muy fácil hacer música que simpatice con nuestras emociones pero no es nada sencillo hacer buena música.
El sentimiento es aceptable pero no le da valor a una obra. El que la juzga solo por lo que le hace sentir demuestra un desconocimiento del arte que ha decidio observar, no quiere aprender y encima se regodea en su ignorancia.